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Solenole Royal paseaba su cuerpo ingrávido por entre las nubes, dejando que el aire fresco moviera sus cabellos perennes, sus rizos helicoidales imperfectos, sus memorias y sus miserias. Volaba por encima del mundo. Miraba a él y al universo, se daba la vuelta a sí misma para ver caras distintas de la misma cosa. Sin rumbo se dejaba inundar de nubes blancas y oscuras, de humedad y sequedad. Los pájaros volaban a veces con ella, piaban, se movían a un lado y otro, se disponían en posiciones distintas … millones de pájaros pudo ver en su viaje.
Solenole Royal estaba disfrutando de su ser. Se paraba en mitad del vacío, sonreía plenamente, se miraba su cuerpo desnudo, se tocaba, se acariciaba, sonreía con plenitud y, dando un bandazo, saltaba hacia la tierra en forma de círculo y seguía su marcha sin rumbo. |
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Pasaba entre los hielos árticos, entre el cielo azul límpido y puro, paisajes inhóspitos. Le estremecía la absoluta soledad en que se encontraba. Sentía la angustia en los músculos de su cuerpo, sentía como actuaba y pasaba dejando en paz el cuerpo. Respiraba esa soledad. Respiraba el polvo del hielo que se levantaba. El ruido volvía a estremecerla. Paz.
Subió alto, altísimo. Subió más allá de la atmósfera, más allá de los planetas, de la luz del sol, de todo; subió con ímpetu y velocidad. Se dio cuenta de que avanzaba para nada, no tenía sentido, no había razones para hacerlo o, cuanto menos, para seguir haciéndolo. Se dejó llevar por la inercia mientras un leve rozamiento iba parando la gran velocidad que había alcanzado.
Allí, en el más profundo de los vacíos, en la más absoluta de las lejanías, miró a su alrededor y se volvió a sentir sola. No sabía donde estaba, se angustió buscando entre puntos luminosos muy lejanos, había perdido el rumbo y estaba muy lejana de la tierra… ¿Qué sería de ella allí?¿dónde estaba su casa, su padre, su madre, su amiga Julianna, su novio Joan, sus estudios y proyectos de ser enfermera, de ser una gran profesional…? El vacío no respondía. Se angustió más. Voló en muchas direcciones buscando la tierra, encontró planetas magníficos que apenas pudo apreciar, no era el momento, no podía atender a la belleza, ella quería volver…
-ya habrá tiempo de disfrutar con nuevos viajes, ¿o no? No sé, no quiero volver a perderme ¿Qué soy yo sin los míos? ¿qué soy sin mi casa, sin mi gente, sin mi planeta? Soy un punto en el infinito, soy nada.-
Angustiada, cayó rendida sobre el lecho de un planeta remoto. Cerró los ojos y durmió soñando de inmediato. Soñaba que estaba en la tierra. Andaba y no podía volar, caminaba lentamente, subía una montaña. No sabía bien porqué. Pero debía subir, algo le llamaba, era una necesidad superior. También estaba en soledad, no había nadie. Era un paisaje remoto, con muy poca vegetación, manchas de nieve, piedras y tierra marrón clara. Seguía subiendo. El pico de la montaña estaba cubierto totalmente de nieve. No se veía nada ni nadie. Agotada, se sentó en una piedra y fue entonces cuando vio una casa de madera austera y solitaria. Se dirigió hacia ella.
Sintió que debía entrar sin llamar. Lo hizo. Había un hombre con pelo largo y barba, ambas bien limpias y cortadas. Estaba sentado en el suelo y le miraba bondadosamente. Ella le preguntó de forma directa:
-estoy sola y perdida, ¿Qué debo hacer para encontrar a mi familia y mi casa? Tengo miedo- decía con lágrimas en los ojos- quiero volver a verlos, no volveré a volar- dijo mientras rompía a llorar … -Las mejores semillas son las que también crecen en terrenos áridos, de ellas no se sabe su procedencia, a nadie le importa, de ellas solo se espera que crezcan y consagren así el milagro de la vida. La angustia es la razón de la lucha. Una vez que seas consciente de esto, no luches y reniega del sufrimiento. Vive. Por cierto, la única diferencia entre el todo y la nada es la que existe entre abrir y cerrar lo ojos.- |
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VACÍO. Autor: Pedro Ortiz. |
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Nº 27 Del 15 al 31 de abril. |