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CÁPITULO PRIMERO (Almacén de sueños…)
Abro el escritorio de mi ordenador, miro y compruebo el contenido del almacén de antiguos documentos. Visito algunos archivos de imágenes y aflora el recuerdo profundo de unos momentos determinados de mi vida. Sin saber muy bien por qué, como impulsado por una premonición, me detengo largo tiempo en la carpeta “Egipto-2002” y reviso una y otra vez una imagen concreta…
Fue un viaje especial… mi encuentro con la pintura mural egipcia “in situ”, la espectacularidad de los templos, el crucero por El Nilo, el contacto con los nubios, las calles de alocado tráfico de El Cairo… las Pirámides… Todo había ido muy bien, hasta que aconteció la “movida” de las Pirámides. …Imposible olvidar. Es imposible olvidar el impacto visual que recibí al bajar del autocar en la explanada de El-Giza y encontrarme, de entrada, cara a cara con la gran Pirámide de Keops… Indescriptiblemente solemne. Era como si todas las repetidas fotos de las pirámides de los libros de texto de la escuela, de repente, fuesen estúpidas, estereotipadas, ridículas… Un fraude.
En aquel momento surgió en mí un incontenible impulso. ¿Se me cruzó un cable?. No sé, el caso es que me invadió una incontrolable necesidad de subir a lo más alto de la Gran Pirámide: OBJETIVO nº 1… Analizo y si cabe, no había sido fácil el proceso de separación de Monique. Quizás necesitaba reafirmarme, sentirme realmente vivo… Comencé pues a remontar con naturalidad, como el que no quiere la cosa. Hice un amago de renunciar a la ascensión al escuchar el silbato de un policía que me vio cruzar la línea de seguridad de la pirámide… pero me di cuenta de que podía avanzar entre los ciclópeos bloques de piedra, hacia arriba, con relativa facilidad… como en la montaña y… decidí ejercer un sagrado acto de Libertad y culminar la gran pirámide. En pocos segundos todos los policías –incluidos los agentes de la Policía Montada de Dromedarios de toda la explanada- (sin animales, claro) comenzaron su persecución por la escalonada mole entre ensordecedores silbatazos e histéricos gritos en lengua árabe. La fuerza, o la energía de aquella impresionante Maravilla del Mundo, o qué sé yo… debió inyectarme inusitado empuje y conseguí llevarles relajada ventaja. Llegué arriba exhausto, y, pude disfrutar de breves instantes de gloriosa plenitud existencial… Recuerdo divisar como hormiguitas a los cientos de turistas… y bañado en sudor, sentir como aliada a la tremenda sofoquina bajo el implacable Sol ( Amón-Ra ) de 48 º C. Me tumbé en el último bloque de piedra –que literalmente quemaba-, con los brazos abiertos como en un ritual... Abandoné mí vista en la infinitud azul del cielo y algo singular aconteció: Como de reojo, me pareció percibir un destello luminoso en el espacio. Agucé la vista… Semejaba un espejito muy lejano que reflejaba los rayos solares, desde muy alto. No pude evitar echar una foto al evento. Después llegó el violento impacto de porra en la cabeza que me hizo perder el conocimiento y… la patética semana de cárcel en Egipto. Menos mal, todo hay que decirlo-, el sorprendente y fugaz romance con Catherine -la maravillosa intérprete de la embajada de Francia- que sin duda alguna me hizo recuperar la moral antes de la repatriación.
Cierro la carpeta de antiguos archivos. Me conecto a Internet. Me pongo nervioso como si algo importante fuera a acontecer. El ritmo cardiaco se me acelera y en el estomago experimento un hormigueo. Mecánicamente, guiado por una extraña intuición, entro en Mis Favoritos y selecciono el programa Google Earth. Dirijo el puntero del mouse hacia el globo terráqueo y directamente me sitúo en Egipto. Voy aumentando las fotografías aéreas, localizo El Nilo… El Cairo... la explanada de las pirámides…
Sigo aumentando... Me centro en la Pirámide de Keops… Aumento… aumento… hasta que el vértice de la pirámide aparece al máximo en la pantalla de mi PC… Y… en efecto… muy borroso ya por falta de resolución en la imagen, puedo distinguir una minúscula figura humana de la cual emana un pequeño haz luminoso… sin duda alguna el reflejo del Sol ( Amón-Ra) en mi cámara digital. ¡Por no sé que extraña coincidencia… aquel 22 de Agosto de 2002, a las 12 h. 22’ … un satélite artificial me fotografió a mí encima de la Gran Pirámide y yo a él!.
Me parece por momentos estar en otra dimensión, soñando. De nuevo me aflora la misma euforizante sensación de aquel día. Una lágrima de decenios… recorre mi mejilla impregnando de sabor salado mis labios y cae encima de la pantalla del ordenador difuminando la escena congelada. (En instantes muy especiales de la vida, ciertos recuerdos muy antiguos que aparentemente semejan yacer irremisiblemente perdidos en las profundidades del océano de los archivos memorísticos… misteriosamente afloran) En flash back, me reencuentro casi fotográficamente, con ese chiquillo que fui de seis o siete años: travieso de pelo “rubio revoltoso” y ojos azules, llorando de alegría por haber encontrado a su mascota perdida en el barrio...: Mi perrillo blanco de parche negro de pirata en ojo que me hubo traído mi padre de un viaje comercial a Luxor, llamado Amenenope (*) …
De repente: -…RRIINNNGGG….RRRIIINNNNGGGG... RRRIIINNNGGGGGG… (suena el teléfono). Perplejo aún, respondo: -Allo… ?. Una reconfortante voz ciertamente conocida, irrumpe…: -Hola, ¿qué tal?, te acuerdas de mí?… soy Catherine, Catherine Villeneuve. Ya sabes… la embajada... El Cairo. Estoy en PARIS… encontré tu tarjeta… y bueno… me apetecía saludarte. Estoy casualmente en la Place de l’Etoile a tres manzanas de tu calle. Allo… ?. Jean Pierre... me oyes?. Sonrío: -Por supuesto…
( *) En Luxor, la antigua Tebas, su templo, situado a tres kilómetros de Karnak, albergaba a la diosa Ipet-Amonet. Era el “Haren del Sur”al cual Amón, bajo la forma de AMENENOPE, acudía cada año (en la fiesta de Opet), para unirse al principio femenino con el fin de garantizar la fertilidad del país y la regeneración de sus fuerzas vitales... |
EL ENIGMA DE LA GRAN PIRÁMIDE.Autor: Antòniu Garrido Correas. |
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Nº 27 Del 15 al 31 de abril. |